Así resuena en mi cabeza la frase de Juan Alberto Sánchez, quien, junto a su hermano, Eduardo Sánchez, ambos Veteranos de Guerra de Malvinas son protagonistas en este artículo. Contarán en primera persona como fue vivir la noticia de la Guerra de Malvinas en 1982, y su experiencia siendo hermanos allá. También, tendremos el relato de Ramón Sánchez, hermano de Simón Sánchez, VGM quién es custodio de nuestro Mar Argentino e iba a bordo del ARA General Belgrano. Desde este pequeño espacio, pretendemos mantener la memoria de los protagonistas, de los que están en las Islas todavía tanto en vida como cuidándola.
Este 2 de abril, se conmemoró el 44º aniversario del Día de Los caídos y Veteranos de Guerra de Malvinas (VGM), en dicho marco, Radio Horizonte llevó adelante una serie de entrevistas con diferentes protagonistas de la Guerra de Malvinas llevada adelante en 1982. En primer lugar, se dialogó con Ramón Sánchez, hermano de un Veterano Caído en el conflicto bélico, que iba a bordo del ARA Gral. Belgrano, crucero hundido por los ingleses un 2 de mayo de 1982 a pesar de que se encontraba fuera de la Zona de Exclusión Total. También, se dialogó con Juan y Eduardo Sánchez, dos hermanos VGM que estuvieron en las Islas Malvinas y contaron sus vivencias y experiencias en la guerra; ambos pertenecen al Centro de Veteranos de Guerra “Islas Malvinas”.
Una Memoria de Hermanos
Juan Alberto Sánchez (VGM), pertenecía al Comando y Servicio del Comando de la III Brigada de Infantería con asiento en Curuzú Cuatiá, comentó: “estaba haciendo el Servicio Militar Obligatorio que consistía en una instrucción de un año y luego podías pedir el retiro o continuar con la vida militar”. Mientras que Eduardo Sánchez, pertenecía al Regimiento IV de Infantería de Monte Caseros, en ese momento Suboficial del Ejército. “Mi primer destino fue Monte Caseros, comúnmente dos veces a la Semana me venía a Curuzú a traer documentación a la Unidad”, señaló.
Los dos destacaron que la zona de influencia de la III Brigada de Infantería que se encontraba en nuestra ciudad, le dependían las Brigadas de Monte Caseros, Paso de Los Libres, Mercedes, Goya; todo se comandaba desde Curuzú Cuatiá.
Juan Sánchez: “El 2 de abril nos despertamos con la noticia de que se había recuperado Malvinas, sabía que la brigada se movilizaba, no se sabía dónde. Con el correr de los días la poca información que contábamos los soldados, sabíamos que nos movilizábamos. Nuestro viaje fue el 15 de abril toda la Brigada desde Curuzú Cuatiá en tren hasta Paraná (Entre Ríos). De allí en aviones de Aerolíneas Argentinas a los cuales se les había sacado el asiento hasta Comodoro Rivadavia (Chubut) y de allí a Puerto San Julián. En un primer momento nos íbamos a la frontera con Chile.
Eduardo Sánchez: “En Monte Caseros, nos despertamos con la noticia de que habían recuperado las Malvinas como todos los argentinos. Nos dicen que había que prepararse, se había formado como un grupo nomas que se iba y hasta se les había hecho una despedida. Tal es así que a quienes le hicimos la despedida se quedaron y todo el resto nos fuimos”.
“Nosotros llevamos los vehículos, manejaba un Unimog 421 (Mercedes Benz). Fuimos por tren con los vehículos tren hasta San Antonio Oeste (Río Negro) y luego por tierra hasta Comodoro Rivadavia no paramos. Íbamos pasando por los pueblos, la gente te tiraba comida, caramelos”.
Encontrarse en Las Islas Malvinas
Hasta el momento, Juan Sánchez, tenía la orden de ir hasta la frontera con Chile por un posible conflicto con el país vecino; pero posteriormente recibieron la contraorden de que la III Brigada debía ir a las Islas Malvinas. “Imagino, por ahí que podía ser este cambio de planes por las imágenes satelitales que manejaban los ingleses”, añadió Eduardo. El 25 de abril la Compañía y Servicio, junto con la III Brigada llega a las Islas Malvinas.
Juan: “Cuando pise Puerto Argentino, fue el mayor placer de mi vida. Creo que después de mis hijos, no muchos van a tener ese honor y más defenderlo después. En ese momento, nadie creía que los ingleses iban a navegar 14 mil kilómetros para venir. Fue recién en el primer ataque que tomamos conciencia de que estábamos en guerra”.

Eduardo: “Se empezó a cambiar el armamento, nosotros (en mi caso), fuimos con pistola y algunas PAM 2 que eran de la Segunda Guerra Mundial. Luego se cambió eso por fusiles. En mi caso el Regimiento IV llega a Puerto Argentino y se desplaza 30 kilómetros más allá del Monte Harriet y del Dos Hermanas, todas son situaciones diferentes”.
Juan: “Yo de acá me fui con fusil, y todo lo que implica la campaña de combate. Llegado allá mi rol de combate fue el Logístico. En un principio no iba a primera línea, tuve que entregar mi fusil a la inversa de Eduardo, y me dieron una pistola; porque mi trabajo que lo terminé haciendo hasta el final me iba a molestar”.
Lo logístico para Juan Sánchez consistía en descargar todos los barcos, aviones, todo lo que llegara a la isla en ese momento. Era un trabajo de segundos debido a que podían ser detectados, eso que se descargaba sea municiones, comida, medicamentos, frazadas, cartas. Debía ser entregado a primera línea.
Eduardo: “Nosotros sabemos lo que es ir a una guerra y padecer todas las adversidades, no es fácil manejar un grupo en el medio de un bombardeo, levantar el espíritu. A mí mismo, los mismos soldados me decían ‘¡Vamos!, ¿Que está pasando?, fuerzas. En los momentos jodidos, las cartas cumplieron un rol importante. Una de las cosas que llevábamos con el Oficial Logístico, llevábamos muchos bolsones con cartas y de todo el país. Te tocaba una de un chico que escribía desde un colegio en Mendoza. Todos te decían lo mismo, ‘vamos fuerza’. Entonces en los momentos que querías flaquear decías que hay un pueblo detrás nuestro.
Durante la Entrevista con los hermanos Sánchez, el Teniente Coronel VGM Eduardo Antonio Duarte Lachnicht, se comunicó con el programa para sumarse al mismo. Donde anunció:
Duarte Lachnicht: “Ellos eran nuestros ángeles guardianes y custodios porque gracias a Juan nos preparaba toda la munición y los implementos. Eduardo nos acercaba con su camión la comida, la munición, era nuestro sustento diario de los que estábamos en primera línea. Eduardo, a pesar de los bombardeos, porque muchas veces le han tirado al camión, él era el Rambo del Camión, le han tirado la artillería inglesa y él no tenía problema, siempre cumplía con su misión”.
Eduardo: “Recuerdo de los intensos bombardeos durante esa noche y cortaban la comunicación en esa época (que era por cable), él (Duarte Lachnicht) era nuestro Oficial que andaba con las comunicaciones del Regimiento IV y se cortaban los cables y junto con el Sargento Sánchez salían en la noche a volver a conectar esos cables así que tenemos muchas vivencias.
Fue difícil bajar del Canberra (Buque Británico que llevó a cuatro mil soldados a Puerto Madryn el 19 de junio de 1982), porque la verdad nos sentimos derrotados. En mi interior sentí como bronca y vergüenza, toda esa gente que nos esperó ahí con banderas, gritando, aplaudiendo. Pensé que les fallamos, pero que dimos todo, eso sí. Fueron muestra de coraje y valentía de nuestros soldados que hay muchas”.
Del mismo modo, Eduardo Sánchez destacó que “desde chicos nos enseñaron que las Malvinas son nuestras y por eso el pueblo se juntó y hubo algarabía; salieron a la calle”. “Nosotros salimos a los colegios, no para inculcar la guerra, sino que somos la voz de los que allá quedaron. Tenemos la obligación de trasmitir todo lo que vivimos y que no se vuelva a repetir. Estuvimos ahí, tratamos de decirles a los chicos que estudien, se preparen y que recuperen las islas por la vía diplomática. Porque sabemos lo que fue padecer las adversidades en una guerra”, afirmó.
Eduardo: “Una vez con Juan nos encontramos allá, creo que yo estaba buscando comida. Fue la única vez que nos vimos en las Islas Malvinas. Primero que no sabíamos que estábamos los dos allá, porque no había las facilidades de comunicación que hay hoy. Después nos encontramos en Curuzú. No nos encontramos por diferentes circunstancias, porque yo iba prácticamente todos los días; pero ellos también se movían de un lado para el otro”.
Juan: “Ese encuentro fue muy emotivo, nos encontramos en plena guerra. Si me tengo que quedar con un momento, fue ese. Él por ser Suboficial del ejercito tenía más movimiento dentro de la isla, por el solo hecho de ir y manejar en primera línea. Me buscó, averiguó, confirmó que yo estaba en una especie de YPF. En ese lugar me sorprendió el último día de Malvinas el 14 de junio. Custodiábamos unos tanques.
El combate psicológico
Una de los hechos que más resuena entre los VGM era el constante bombardeo nocturno por parte de los ingleses, lo que provocaba que no pudieran dormir. Estar expectantes con respecto a la caída de los proyectiles. Ambos hermanos lo relatan lo que fue pasar esas noches.
Juan: “Defenderte de eso es imposible, más que esconderte, cubrirte, rezar. Todas las noches era lo mismo, nos desgastaron. Como nunca te acordabas de Dios y de la familia”.
Eduardo: “rezabas y esperábamos que no caiga dentro de tu pozo”.
Juan: “Yo recordaba que en Curuzú había quedado mi padre y mi hermano menor. Pensaba en ellos, en nuestra familia, que le faltaba una integrante que era nuestra madre, pensaba en que pasaría si uno de nosotros no vuelve, pero gracias a Dios volvimos los dos”.
Julio Simón Sánchez, un vecino eterno
Simón Sánchez, el correntino como le decían en el ARA Gral. Belgrano, le faltaba poco cuando estaba por cumplir apenas 18 años. Se encontraba en el Crucero de la Armada Argentina, y lamentablemente es uno de los eternos custodios de nuestro Mar Argentino, tras el ataque del HMS Conqueror británico en la Zona de Exclusión Total. Ramón Sánchez, hermano de Simón, lo recuerda de la siguiente manera:
Ramón: “Él en ese momento estaba en la Escuela Mecánica de la Armada, se recibió y le sale el pase a Bahía Blanca. Viene de vacaciones, en ese momento mi mamá estaba nerviosa, él le dice: ‘nosotros no tenemos nada que ver con la guerra, somos estudiantes’. Pasa unos días, en marzo y le dice mirá mamá no puedo ir porque nos salió un viaje de estudio. En la carta medio que se estaba despidiendo de todos porque se acordaba de todos, mandaba saludos a todos”.
“Él era más joven de la tripulación tenía 17 años de todos los que zarparon que eran más de mil. papá y mamá estaba pendiente, en la radio y dieron la información de que hundieron el crucero a las 16:00 horas el día 2 de mayo (1982). Mi papá paró la oreja, pero no le dijo nada a mamá y no quería que se entere. Al otro día pasa una vecina y le comenta si se enteró que le hundieron al crucero”.
“Pasaron los días y no había noticia. hasta que la armada le informa que estaba como desaparecido. Hicieron toda la búsqueda como correspondía, pero no pudieron encontrarlo. Hasta los últimos días de su vida mi mamá le esperaba, decía yo no le puedo prender una vela a mi hijo porque no sé si está muerto”.
“10 años 15 atrás, anduvo un suboficial (Moyano) mayor de la armada y nos comentó que él zarpó con él. Él estuvo ahí, mi hermano entraba a trabajar en la sala de máquinas del torpedo. Ellos escucharon dos golpes, y ellos saltaron porque habían sido fogeados. Mi hermano que estaba en la parte de abajo donde pega el torpedo. Cuando se largaron en las lanchas y salvavidas vieron que el buque empezó a inclinarse porque se partió. En ese momento el mar estaba bravísimo, con olas muy grandes y el agua muy fría. Nos comentó lo triste que fue ver cuando se hundía el buque”.
“Hay una calle que lleva el nombre, eso fue por la municipalidad. Que se contactaron con nosotros. Ahí nos pidieron permiso para poner el nombre. En la escuela Alberdi, tienen unas placas colocadas. Cuando vino el suboficial Moyano, el 2 de abril en ese acto”.
“Nosotros con la familia teníamos un almacén donde se juntaban todos, Javier Arriola y Juan Raúl Serradori. Él (Simón) era una persona que tenía su carácter, era callado, serio. Fuimos a la escuela Alberdi hasta 2º Grado, después a la Escuela Centenario. Él hizo lo que le gustaba. A Simón le gustaba mucho el boxeo. Con el tiempo apareció un amigo que era de Bs As, que también estuvo en el crucero. Compartimos un almuerzo y nos contó que la última vez estuvieron practicando boxeo en el buque, era grande”.
“Mi mamá hasta los últimos días, golpeaban la puerta y se imaginaba que era Simón. Quien le ayudo mucho a ella para salir de todas esas cosas fue el Padre Francisco, iba todos los días a visitarla”.
Recibimiento en Curuzú
Luego del fin de la Guerra, los soldados volvieron a nuestra ciudad como en el caso de Juan Sánchez y Eduardo a Monte Caseros, los dos señalaron: “te iba viniendo a la memoria los que quedaron allá”.
Juan: “Volvimos en el mismo tren. Eduardo y yo, pero él baja en Monte Caseros. No nos vimos porque no se podía frecuentar. Llegado a Curuzú, el pueblo nos estaba esperando en la estación. Fue un momento difícil porque la orden era nadie habla con los familiares. Para mucha gente veías bajar soldados, y no veías a tu familiar bajar, fueron momentos feos”.
Eduardo: “No era fácil porque no bajar del tren, no significaba que estabas muerto, podías estar herido en un hospital”.
Juan: “Si te tenían que dar la peor noticia, te la iba a dar un cura. A los que volvimos, la Banda Militar nos acompañó desde la Estación de trenes por Gobernador Gómez hasta Berón de Astrada, de ahí caminando hasta el Comando de Brigada donde el pueblo estaba en las calles. Se liberó un poco, te sacas un poco la mochila”.
Eduardo: “Cuando nosotros quedamos en Monte Caseros, después de Malvinas. Los Cuadros Oficiales y Suboficiales se divide entre los que fuimos y los que no fueron. Nosotros no aceptábamos un jefe que no haya ido a Malvinas. Volvíamos de allá y nuestro jefe había quedado prisionero.
Hubo gente que la Guerra duró 30 días más. Era de acuerdo a la función que cumplías. Al momento de subir al barco. Eras fulano de tal, te veían la insignia, y por ejemplo plantabas minas, te decían ahora te quedas y las sacas. Lo mismo pasaba con algunos jefes.
Acá en Curuzú fue Salazar y Claudio Espíndola, que era el soldado del jefe”.
Prepararse para el futuro
Todos los que dialogan en este artículo que pretende conmemorar esa fecha, con VGM y con familiares, quienes luchan todavía en ese 2 de abril; esta nota pretende que no perdamos la memoria y qué se tengan en cuenta la palabra de los protagonistas. Lamentablemente hubo y hay momentos difíciles para los familiares y los Veteranos, incluso con un proceso de Desmalvinización. “Empezamos a gestar el Centro de Veteranos de Guerra ‘Islas Malvinas’ porque sentimos que algo estaba faltando, vos ibas solo a un lugar y no te recibían; pero en un grupo organizado era otra cosa”, remarcó Juan Sánchez, quien es el actual presidente del centro.
Aunque seguidamente, agregó que en nuestra ciudad no se sintió tanto sobre todo en lo que se refiere a buscar trabajo. “La gente en Curuzú nos reconoce muy bien, ese tipo de problemas creo que se vio más en las grandes ciudades”, mencionó. Aunque seguidamente afirmó: “hay gente que no le interesa la causa, inclusive en 1982 había dos situaciones; el que estaba pendiente de Malvinas porque tenía un familiar allá y después estaba el otro que estaba mirando el Mundial de España”. “En el acto que se llevó a cabo el 1 de abril de este año, por Semana Santa, si no era por nuestros familiares y amistades no hay gente. El 2 de abril es una fecha importante para todos”, reflexionó Juan.
Asi mismo, resaltó que “nuestro objetivo desde el Centro de Veteranos es que no se olvide la causa. Hay invitaciones que tengo desde Escuelas Rurales, nos visitaron desde los Jardines de Infantes, pero ya estamos preparando a hijos, nietos para en un futuro cuando no estemos”. El Centro de Veteranos de Guerra se encuentra ubicado en la esquina de Caá Guazú y Soler, cuenta con un Museo Histórico de Malvinas que está abierto de 8:00 a 12:00 del mediodía de lunes a viernes.
Mantener la memoria activa del recuerdo de las Islas Malvinas es de vital importancia, para entender un proceso histórico que vivió nuestro país y, como dijo Eduardo Sánchez, no se vuelva a repetir. Las Islas Malvinas deben ser recuperadas por vías diplomáticas y el país entero no debe perder el recuerdo de esa causa. En los VGM es tan fuerte la carga emocional que, por ejemplo, Juan Sánchez afirmó: “no fui, ni quiero ir a las Islas Malvinas, hasta que no esté nuestra bandera flameando nuevamente”. Por su parte, Eduardo Sánchez, agregó: “a mí me dio bronca porque cuando estuvimos prisioneros y había culminado la guerra, los ingleses izaron la bandera y los civiles a quienes habíamos respetado en todo momento mostraron la hilacha y nos escupían, nos hacían de todo”.
Al lector, si llegó hasta este punto, primeramente, quiero agradecer por tomarse un momento para escuchar a estos protagonistas y en segundo lugar recordar también a Juan Raúl Serradori y Ramón Antonio Meza, ambos Caídos en combate. Que este mes de abril, el recuerdo de Malvinas este más que presente, y sus protagonistas tengan espacios para dialogar, ya que van pasando 44 años del conflicto y tenemos la oportunidad de conocer la verdad a través de sus palabras. Las Malvinas fueron, son y serán por siempre argentinas.