Un estudiante de Ingeniería Aeroespacial de la Universidad Nacional de La Plata, próximo a recibirse, visitó los estudios de Radio Horizonte 94.1 donde contó todo acerca de lo que encierra su carrera y la actualidad de la argentina en cuanto sistemas de comunicación y satélites. Se trata de Matías Núñez, es curuzucuateño y está cursando la carrera hace cuatro años y medio. “Todas las materias que tenemos, de las 40; son todas promocionales. Hasta ahora las promocioné a todas las que hice”, señaló Matías.
Además, contó que en un principio la carrera era Aeronáutica, pero hubo un cambio de plan en 2018 y ahora es Aeroespacial. “Siempre se vieron esos temas igual, la espacial junto con la aeronáutica; porque si no lo veías dentro de las materias optativas la veías dentro de la cursada. Ahora se ve un poco más por todo lo referido a los satélites y los cohetes, prenden la tele y verán que se hablan sobre ellos”, afirmó.
¿Cómo está parada la Argentina en cuanto a satélites?
Matias: En principio mucha gente tendrá el conocimiento general, tenés todo lo que es el plan ARSAT, se lanzó con satélites que se hicieron en muchas universidades del país. Todo el tema de los SAOCOM 1 y 2, que salieron hace casi 20 años y eran de investigación científica. Después tenes el plan CONDOR que era más para misiles. El VEx el 1 y 2 que eran vehículos de exploración espacial, eran cohetes lanzadores. Proyectos también, en la facultad tuvieron la suerte de hacer un modelo de CubeSat (nanosatélite) para lo que fue ATENEA con la NASA hace poco y están terminando de cerrar un satélite universitario el LUSAT-1 y LUSAT-2. Pero se está trabajando, hay muchas cosas. Aunque privado no hay mucho, la mayoría de lo que fue hecho viene del Estado. Empresas privadas hay muy pocas y no se dedican tanto a satélites. Hay una que es internacional que es Satellogic, empezó acá y se fue a Uruguay, pero el propietario es argentino. Ellos hacen satélites.
¿Ven algo referido a la contaminación espacial en la carrera?
Depende, hay una materia optativa donde lo ves. Lo que sería el síndrome de Kessler (un escenario teórico en el cual la acumulación de basura espacial en la órbita baja de la Tierra desencadena una reacción en cadena de colisiones, volviendo el espacio circundante inutilizable), es una optativa que se llama Orbitas. Es muy interesante, pero no es obligatorio. Las obligatorias son más del diseño, de estructuras, de aerodinámica, cohetes ves muy poco, satélites ves muy poco; pero es porque está pensado para que lo hagas con las materias optativas.
Te vimos muy interesado en la antena de la radio cuando llegaste a Horizonte, ¿es algo que también lo ven?
Otra de las materias optativas es del sistema de comunicaciones de aviones, pero el primer módulo ves cómo funciona la antena, su diseño, para que sirven, en que banda están, dependiendo la forma cómo la orientas; donde va la antena en el avión, por qué; también vemos un poco de radar. Uno de los trabajos finales que rendimos hace poco fue diseñar un aeropuerto. Diseñar todo lo que era el sistema de aproximación, las luces, dependiendo de la categoría de la pista, la orientación de la pista por vientos, los colores que tenés que pintar las franjas de la pista y por qué. El proyecto era un aeropuerto en Neuquén y tenés que hacer que venga una aeronave desde Houston (Estados Unidos). Primero tenés que ver si el aeropuerto lo puede aguantar, si es así donde lo pones, si no lo aguanta cómo podés diseñarlo para que lo pueda soportar, fue un trabajo de seis meses más o menos.
¿Qué fue lo que más te llamó de la carrera Ingeniería Aeroespacial?
Cuando entré en la carrera iba por el lado más de la propulsión, siempre quise diseñar cohetes. Después me aburrió un poco, al cohete lo tenes ahí, pero como que lo podés mirar de lejos. Lo prendes y no lo mirás. Después empezamos a ver aviones y aerodinámica y me gustó eso. Ahora en el siguiente semestre vamos a ver control, es decir hacer que las cosas se muevan solas y esa rama me parece interesante porque hay robótica, hay programación y muchas cosas interesantes.
¿Cómo fue cuando le dijiste a tus padres que querías estudiar esta carrera?
Primero quería estudiar arquitectura. Justo un profesor que tuve en la Escuela Técnica, Orlando Sánchez, me comentó que estudió arquitectura en La Plata. Me pongo a ver que había Ingeniería Aeroespacial y ‘dije bueno, ya fue me inscribo acá; total los cohetes están buenos’ (risas). Estoy contento y agradecido a mis padres por la oportunidad de viajar y estudiar, siempre que estudio y me va bien en algo pienso que si no fuera por ellos yo no estaba acá.
¿Cómo se encuentra Argentina en cuanto a la investigación en lo que sería tu materia?
Está muy buena toda la investigación que se hace acá que es lo que permite la educación pública, hay un montón de gente que tiene potencial para hacer las cosas. No solo en la UNLP, sino también en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), en la Universidad de Buenos Aires (UBA), hay mucha gente que hacen cosas re zarpadas y está bueno verlas. No solo en el ámbito de lo espacial, sino de la industria en general, de la ingeniería, de las investigaciones. Argentina siempre queda bien parada en el ámbito internacional. Hace poco, un grupo del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) ganó una competencia de cohetes -primer puesto en la categoría de Diseño y Construcción en la International Rocket Engineering Competition (IREC) 2026 en Texas, Estados Unidos-, un grupo de mi facultad fue a una competencia de CanSat –terminaron en el puesto 12 de 40 en la competencia realizada en Virginia, Estados Unidos-.
Matías Núñez está próximo a recibirse y ya está colaborando con un argentino que viene en Estados Unidos, trabajando en un sistema de simulación de código abierto. Un curuzucuateño que se inscribió con el sueño de hacer cohetes y en un futuro puede estar armando satélites para nuestro país o incluso, quién sabe, logre ser un ingeniero de nuestros pagos que lleve un cohete al espacio.